Es indispensable volver a poner en el centro de los valores a las personas y no a los sistemas macroeconómicos. Urge regresar el poder a las comunidades y a los municipios. Se requiere una revolución que reparta con justicia social las oportunidades de riqueza para todos los estratos de la sociedad. Esta revolución o transformación no debe ser sangrienta ni tener por objetivo repartir los medios e instrumentos de producción. La revolución en este mundo de la era de la información y del conocimiento, como explica Alvin Toffler en su obra “La Tercera Ola”, tiene que repartir el nuevo capital, que es precisamente el conocimiento, la tecnología, la especialización, la capacitación y la educación, pero principalmente, como decía Erich Fromm, tiene que ser una revolución de la esperanza (1970).

Para que sea de gran aliento, la revolución tiene que asentarse sobre bases firmes. Es urgente continuarla, darle cauce, sostenerla con el esfuerzo de todos. Esta revolución, lo sabemos, sólo puede darse en este mundo, como es hoy, mediante la educación, y sólo la pueden llevar a cabo los sistemas educativos. Los líderes de esta transformación deben emprender un proceso de revaloración y profesionalización para recuperar su verdadera vocación y trascendencia social como líderes y agentes de cambio.

La revolución la llevarán a cabo los verdaderos líderes en sus respectivos espacios. Líderes que promuevan la esperanza, la fe y el sentido de superación en sus seguidores; que terminen con la simulación, la mentira y la corrupción; que combatan la mediocridad y la ausencia total de principios y valores. Líderes que vivan, en su espacio personal y laboral, la congruencia entre los valores socialistas, soberanía, justicia social, respeto a los derechos humanos y las prácticas reales.

De no ser así, se corre el riesgo de generar más angustia, más miedo y más desesperanza en el pueblo. El proceso inspirado -y con mucho coraje mantenido por el presidente, Hugo Rafael Chávez Frías, corre ese riesgo cuando se instrumentaliza a través de sus seguidores (ministros, diputados, gobernadores, alcaldes, concejales, directores, presidentes, educadores, lideres comunales, entre otros) que producto de sus desafueros ideológicos o de sus ambiciones personales, olvidan quien los puso allí y con qué fin histórico.

En este aspecto es útil mencionar cuál es la fuerza que mantiene psicosocialmente unido al pueblo con sus gobernantes: la esperanza. Ya basta de desafueros y negligencias, generadas mayormente por la incompetencia de funcionarios públicos y lideres cuasi revolucionarios, los cuales fallan al instrumentalizar las ideas que emanan desde el mismo corazón del pueblo, generando la consecuente desesperanza.

El presidente genera gran parte de esa esperanza activa y muchos de aquellos en los cuales se delega la acción para concretarla, se encargan es de fulminarla y mutarla con retorcidas políticas internas, normas, procedimientos y cualquier otro conjunto de amañadas y truculentas posiciones para decir no y colear a sus familiares, amigos, favoritos, ignorando totalmente al pueblo. Pareciera que son incapaces de entender que el principal combustible de la revolución bolivariana y del socialismo del siglo XXI es precisamente ese: la esperanza.

Para todos ellos, vaya este mensaje y para los que lo saben mejor, así repasan un curso acelerado de comprensión psicosociológica de la esperanza.

ESPERANZA: UN VIAJE DE QUERER A PODER

(Extractos del mismo título por María Morales de Romero)(Ediciones ROGYA – Mérida 2001)

“En el camino de la vida hacia un amanecer deseado, existen salidas y llegadas. Ese camino está abierto a las posibilidades pero también guarda incertidumbres. Por ello se necesita luz, calor, protección y salvación. El Caminante lleva consigo un equipaje cuyo contenido son sus deseos. Para lograrlos necesita acción y lucha persistentes.”

Muchas veces en nuestro archivo de datos mentales durante toda nuestra vida ha entrado un mensaje que dice “Querer es poder”, ¿Querrá decir que basta con querer para obtener? ¿Será que sólo el querer logra las cosas?

Conozco a una líder comunitaria llamada Alejandra, una mujer de 31 años, quien repite sistemáticamente que quiere ser la alcaldesa revolucionaria de su municipio, pero todavía no ha empezado a capacitarse ni a formarse ideológicamente para los efectos, ni siquiera a averiguar que cosas debe hacer para lograr dicho objetivo. Quizá ella está esperando que alguien la descubra y le vea cualidades y competencias que cree poseer. Ella no se preocupa por cultivarlas ni por mostrarlas a las personas en su comunidad. Sólo espera, confiando en el querer, que se traducirá en poder ser alcaldesa.

¿Significará que querer desencadena otros pasos para poder lograr?

Otro caso es el de Andrés, un joven de 19 años que quiso hacerse profesional en la Universidad Central de Venezuela. Comenzó por quererlo a los 14 años de edad cuando estudiaba en el Liceo de su pueblo. Andrés creyó en que si se mantenía siendo estudiante número 1 en el bachillerato, podría obtener una beca y ser admitido en esa universidad. No descansó nunca en su empeño, superó los obstáculos. A veces tuvo miedo de alejarse de su pueblo y familia, a veces dudó si era lo mejor, a veces pensó que siendo de un pueblo no podría competir contra los mejores de la capital.

Andrés logró graduarse con honores en la universidad de sus sueños porque quiso, pero además creyó, valoró su meta y sus competencias, evaluó los riesgos, superó los obstáculos y sobretodo actuó y trabajó planificadamente.

¿Qué otra interpretación puede tener la frase “querer es poder”? ¿Cómo aprendemos lo que existe entre querer y poder? Querer no se traduce automáticamente en poder. Entre querer y poder corre un caudal y hay que construir un puente que necesita mucha acción.

LA ESPERANZA (¿Cómo se define?)

La esperanza es un pensamiento que está siempre dentro de nosotros y por lo tanto no es visible desde afuera. El significado de la esperanza está influenciado por nuestras vivencias y el aprendizaje que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, por ello, todos los conceptos de ustedes y el mío, tienen algún o varios elementos en común.

La esperanza es:

  • Necesidad de vivir. Razón para vivir. Necesaria como el aire para vivir.
  • Enfoque en el futuro. Visualización del futuro. Anticipación.
  • Posibilidad de que lo deseado pueda suceder y que lo indeseado no llegue a ocurrir.
  • Puerta abierta a lo que anhelamos.
  • Fe en alcanzar la meta anhelada. Creencia firme en que ocurrirán los sueños y los milagros.
  • Fe en que lo malo pasará y llegará algo mejor.
  • Sentimiento para superar las situaciones sin salida. Sentimiento presente en las situaciones adversas.
  • Deseo con incertidumbre de alcanzar metas poco probables.
  • Amanecer desconocido, pero bueno y poderoso.
  • Inspiración y orientación para emprender lo deseado.
  • Fuerza interior para alcanzar un futuro promisorio.
  • Anhelo y lucha con la certeza de convertir deseos en realidad.
  • Impulso a la constancia para alcanzar resultados positivos.
  • Conocimiento de que habrá una solución posible.
  • Razones para seguir insistiendo en el logro del objetivo o meta.
  • El exceso de esperanza, sin tomar ninguna acción o usar las habilidades que el mismo Dios nos proporcionó es inútil. La esperanza ciega nos impide entender que las herramientas para la salvación y el logro de nuestros objetivos, en su mayoría, están en nosotros mismos. Pero, no las percibimos y las dejamos pasar, creyendo que basta con esperar en la misericordia del Señor, en lo casual y fortuito de forma pasiva. La esperanza se convierte así en un recurso inútil, que la tenemos guardada pero no la sabemos usar adecuadamente.

Pero no es solamente el exceso de esperanza pasiva lo que la hace inútil. También perdemos el poder de la esperanza por desconfianza o miedo en lo que esperamos, por no saber manejar el riesgo y la incertidumbre. Cualquiera que sea el componente de la esperanza que predomine en nosotros como individuos o como pueblo inclinará los resultados alcanzados en una dirección u otra. Si somos demasiado confiados y esperamos pasivamente, fracasamos porque no nos ayudamos a nosotros mismos. Si desconfiamos y tenemos miedo a arriesgarnos también fracasamos por no usar nuestros propios recursos.

La esperanza es la creencia en que los resultados que deseo ocurrirán porque son importantes y posibles, aunque sean inciertos.

Existen dos formas de esperanza:

ESPERANZA ACTIVA: Lograré los resultados que quiero si uso mis competencias y recursos personales en acciones organizadas para trabajar por alcanzarlos. (Riesgo planificado y Acciones por modificar las variables del entorno que determinarán el logro de sus objetivos o metas)

ESPERANZA PASIVA: Los resultados ocurrirán en su momento, porque los quiero, son importantes para mí, son posibles y además me los merezco. (Como vaya viniendo vamos viendo, suerte y casualidad, azar de Loterías, Caballos, entre otros).

Durante los últimos 20 años se ha medido el nivel de estos tipos de esperanza en una muestra considerablemente grande de venezolanos de diferentes características (edades, sexo, educación y ocupación) estos son los resultados:

56 % tienen una Esperanza Pasiva.

44 % tienen una Esperanza Activa

Esto indica que en general más de la mitad de los venezolanos (56%) son fundamentalmente de esperanza pasiva, tienden a esperar, haciendo muy poco por lograr los resultados importantes para ellas. Y menos de la mitad (44%) esperan trabajando activamente por lograr lo que desean.

¿No le parece bastante claro que la esperanza activa ayuda más que la pasiva al crecimiento, mejoramiento y cambio personal de todos y cada uno de nosotros? El crecimiento como se lo he presentado es un proceso que necesita de la esperanza acompañada de acción planificada y tenaz.

EL PAPEL DEL LIDER EN LA REVOLUCIÓN

Tareas urgentes del LIDER:

  • Rescatar el liderazgo e impulsar la esperanza activa en sus seguidores.
  • Recobrar la autoridad moral de “ser líder”.
  • Romper las cadenas de la burocracia.
  • Revalorar la función social del líder.
  • Rescatar la vocación perenne del líder.

¿Qué dirían los grandes líderes?

  • ¡Conócete a ti mismo!
  • ¡Se congruente!
  • ¡Autodisciplinate, medita y reflexiona!
  • ¡Generosidad!.
  • ¡Sentido de la vida!
  • ¡Opción por la paz!
  • ¡Humildad!.
  • ¡Solidaridad humana!
  • ¡Amor por la vida y por los demás!

Porque definitivamente NO PODEMOS DAR LO QUE NO TENEMOS. Hagamos un esfuerzo personal para hacer de esta revolución bolivariana una revolución basada en la esperanza activa.